Simón, llamado Pedro, fue uno de los apóstoles, discípulos de Jesús de Nazaret, a quien según la tradición éste dejó encargado de dirigir al resto de su Iglesia. Fue el primer Papa de la iglesia cristiana.
Conocemos de él a través de los relatos que encontramos en los cuatro Evangelios, en el libro de los Hechos de los Apóstoles y a través de las cartas de San Pablo. Pedro era galileo, nativo de Betsaida, ciudad situada en la costa del mar de Galilea, cerca del río Jordán. Pedro y su hermano Andrés fueron de los primeros discípulos llamados por Jesús. Ambos hermanos eran pescadores en el mar de Galilea. De acuerdo con el evangelio según san Juan, fue Andrés el que presentó Jesús a Pedro.
Pedro es testigo de los grandes momentos en la vida pública de Jesús, tales como su transfiguración, la pesca milagrosa, la oración en el huerto, etc. Se le recuerda muy especialmente por su triple negación de Jesús durante el juicio a que fue sometido horas antes de ser cruficicado. Después de la muerte de Jesús, Pedro es el primero de los apóstoles que entra en el sepulcro vacío y comprueba que el cuerpo de Jesús no está allí.
A Pedro y los otros apóstoles, según los evangelios, Jesús se les presenta en varias ocasiones después de su Resurrección. Pedro es parte del grupo que son testigos de la Ascensión de Jesús a los cielos. Reunido con los otros diez apóstoles que permanecieron fieles al Señor, escogen a Matías como sucesor de Judas Iscariote. El día de Pentecostés recibe, junto con todos los discípulos reunidos en el Cenáculo, la venida del Espíritu Santo.
Los primeros capítulos del libro de los Hechos de los Apóstoles nos relatan las primeras actividades de Pedro, especialmente los relatos sobre la conversión de Cornelio y el concilio de Jerusalén, así como algunos de sus milagros, tal como su encarcelamiento por orden de Herodes y su liberación milagrosa.
Todos los relatos de la iglesia primitiva afirman cómo finalmente Pedro se encamina a Roma y según la disposición de Jesús es visto por todos como el jefe de la Iglesia. Según la tradición, Pedro es crucificado en Roma probablemente el año 67 durante la persecución contra los cristianos ordenada por el emperador Nerón (37-68). A diferencia de Jesús, Pedro es crucificado con la cabeza hacia abajo. Fue enterrado en una necrópolis existente en la colina Vaticana donde siglos más tarde el emperador Constantino I el Grande levantaría una basílica en su honor.
Excavaciones realizadas a partir de los años 1940, por ordenes del papa Pío XII, permitieron descubrir el lugar exacto donde, presuntamente, estaban depositados los restos del primer papa, justamente bajo el altar de la Confesión de la actual Basílica de San Pedro en el Vaticano. También escribió las dos epístolas bíblicas que llevan su nombre.
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