Antiguamente, por el año 1800, las mujeres solían tener la cara picada por la viruela.
Pocas eran las que escapaban a esta enfermedad ya que por aquellos tiempos no existian las vacunas.
Para tapar estas inperfecciones la gran mayoría solía calentar cera y aplicarla en la cara. Luego se ponían polvos y colorete. El resultado era un cutis perfecto y de excepcional belleza.
Sin embargo éste maquillaje tenía dos inconvenientes.
No se podían reír abiertamente . Y tampoco se podían sentar muy cerca de la chimenea los días de invierno ya que corrían el peligro de que su maquillaje se derritiera...
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